Vuelta al cole 2ª parte

La vuelta al cole en Septiembre de 2020 se me antoja complicada.

Este tema merece una especial atención, la comunidad educativa mueve ficha;

Advierte a la Junta de Andalucía que no está preparada para la vuelta al cole en Septiembre.

Centros y AMPAs vs Junta de Andalucía

A estas alturas de la pandemia resulta que han tenido que unirse tanto dirección de centros educativos como ampas para hacerle saber a la Junta de Andalucía que ni el profesorado ni los padres estamos de acuerdo en asumir responsabilidades sobre un tema tan delicado como la sanidad.

En esto estoy totalmente de acuerdo, pero ¿porqué los padres hemos tenido que asumir las funciones del profesorado en el último trimestre del curso 2019/2020?

Porque señores profesores, si debemos remar todos en el mismo sentido, hay que hacerlo en las duras y en las maduras.

Pero pedir apoyo a las familias para hacer fuerza común y no haberlas apoyado hace unos meses, no me parece justo.

Tal vez haya habido centros que han sido capaces de organizar el último trimestre in extremis, hayan dotado a sus alumnos del material necesario para la realización de las clases vía telemática, tal vez, no todos los niños en la provincia de Sevilla hayan vivido su último trimestre escolar como mi hijo y sus compañeros, que sólo recibían tareas y más tareas, sin una sola explicación por parte del profesor que correspondiera según la materia, sin disponer de medios para acceder a las propias tareas, en muchos casos, sin conocimientos informáticos suficientes y sin que lo aprendido en informática tenga valor alguno a pesar de haberse visto obligados a ello.

A los padres nos ha tocado asumir la delicada tarea de ejercer de profesores, algo para lo que no estamos ni preparados ni cualificados en muchísimos casos, del mismo modo que el profesorado no lo está para asumir responsabilidades sanitarias para garantizar la asistencia a clase dentro de un marco seguro porque no es su cometido, porque como todo, hay que decir las cosas claras, el profesorado no quiere asumir la responsabilidad sencillamente porque no les pagan por ello, porque si no, ¿a caso no pueden llevar a cabo las tareas encomendadas?

No olvidemos que las responsabilidades que se están pidiendo son entre otras:

  • Garantizar la limpieza/desinfección del centro educativo
  • Garantizar las medidas de seguridad sanitaria entre el alumnado como son el distanciamiento social, el uso de mascarilla y el lavado de manos

Hasta ahí, creo que ha sido mucho más difícil para las familias asumir el papel de profesor que el de los profesores ahora el de asumir responsabilidad sanitaria, pero tal vez, y digo tal vez, sea discutible.

No seamos hipócritas y llamemos a las cosas por su nombre;

Oiga Sr. Presidente (de la Junta de Andalucía), no me pagan por hacer de filtro anti Covid, no está en mi preparación profesional ni he recibido un cursillo al respecto, y si no estoy debidamente formado y tampoco voy a percibir retribución económica alguna, sencillamente no asumo esta responsabilidad. Haremos todo lo posible para que este mensaje llegue a las familias y el temor a que sus hijos se contagien haga que no los lleven a los colegios, teniendo que iniciar el curso vía telemática igual que terminó.

Y mientras tanto, no está demás solicitar el apoyo logístico que corresponda, tanto en personal (cualificado y preparado) como en material de limpieza y desinfección.

Sin garantías no necesito acuerdos

Como padre, y desde que se anunciase el fin de las clases presenciales debido a la Covid-19, supe que mi hijo no asistiría de nuevo al colegio si desde el centro educativo no se me garantizaba seguridad sanitaria.

Ya comentaba yo entonces con mi entorno más cercano que como padre no sólo tengo el deber de velar por su seguridad, tengo la obligación y el derecho a hacerlo.

Me parece excelente que la comunidad educativa una fuerzas para pedir lo que es lógico, pero veo complicado llegar a acuerdos, por ello creo firmemente que cada padre/madre debe a su vez actuar de forma individual según sus circunstancias.

En mi caso ofreceré al colegio de mi hijo dos posibilidades, por supuesto, ambas por escrito:

  • Documento sellado indicando que se garantiza la seguridad de mi hijo
  • Documento sellado donde quede constancia que el centro educativo no puede garantizar la seguridad de mi hijo

Se da la circunstancia que hemos estado tomando medidas para evitar el virus desde que iniciara la pandemia.

Mi hijo ha pasado casi una decena de veces por un quirófano y se la juega más que otra persona cada vez que lo intuban.

No lo voy a poner en riesgo sólo porque la administración quiera dar la imagen de que los colegios andaluces son seguros.

Si lo son, que me lo den por escrito.

Hay que ser consecuentes con lo que se asume:

  • Si nuestros hijos enferman, muchos tendrán secuelas de por vida
  • Se juegan la vida
  • Podrán contagiar a sus seres queridos incluso sin saberlo, en algunos casos con consecuencias fatales

¿Realmente queremos exponer a nuestros hijos a la Covid-19 en la vuelta al cole?

Yo NO

La sencillez de lo complejo

Empatía, ese sentido clave del ser humano que a veces parece haber desaparecido.

¿Cuántas veces te has dicho a ti mismo (o a ti misma) que el ser humano no deja de sorprenderte?

Pues yo últimamente debo estar batiendo récords porque no paro de preguntármelo, ni sé el número de veces al día que me puedo llegar a hacer esa pregunta, sólo sé que resulta cansina mi cabeza con ese ring ring a cada instante, así que te puedes hacer una ligera idea.

Y es que miras a tu alrededor y a pesar de ser ya obligatorio el uso de mascarilla para prevenir el contagio y la propagación del virus, sigues viendo personas con las que parece que no va el tema.

Aunque también he de decir que es la primera vez que mi cerebro y yo vivimos una pandemia, por lo que como para ti, el algo nuevo, pero no por ello se comporta uno igual, me explico;

El ser humano tiene la capacidad de acostumbrarse a todo, a lo bueno y también a lo malo, y aquí es donde entra en juego mi capacidad de sorpresa, porque es, al menos para mi, sorprendente que a estas alturas desde que se iniciara el confinamiento que la gente ante la sombra de una pandemia siga teniendo un comportamiento absolutamente insano, falto de empatía y con la tranquilidad que podría dar tener la certeza de ser inmune al virus, algo que hasta ahora es imposible.

Dicen que las normas están para incumplirlas, y bueno, yo personalmente no estoy del todo de acuerdo, aunque del mismo modo no puedo decir que sea un ciudadano 100% ejemplar, ¿quién lo es?, seguramente a lo largo del día me salto más de una normativa de seguridad vial por ejemplo; no uso el móvil nunca en el coche, siempre me pongo el cinturón, no circulo sistemáticamente por el carril izquierdo y aún así a veces miro el velocímetro y voy por encima de la velocidad máxima permitida, y hasta a veces si no hay nadie en la carretera me mantengo unos minutos así, y claro, así me han multado (siempre sin perder puntos) alguna que otra vez:

  • Circular a 63Kms/h por una vía cuya velocidad máxima es de 50Kms/h
  • A 110Kms/h por una vía cuya velocidad máxima es de 80Kms/h
  • A 113Kms/h por una vía cuya velocidad máxima es de 100Km/h

Pero que cometamos errores, que infrinjamos normas en algunos casos incluso sin ser conscientes de ello, no implica que estamos ante algo de lo que todo el planeta habla a diario, tenemos Covid-19 a todas horas todos los días, por lo que ya deberíamos haber tomado nota, consciencia y actuar de una forma más responsable.

Mientras a la gente le preocupe más su bolsillo que su propia vida o la de sus seres queridos, poco o nada podremos hacer para mejorar nuestra sociedad.

Primero yo, luego también

Puedo entender que con una población de más de 7.000 millones de personas tiene que haber de todo, es una cuestión de probabilidades, así que esto me lleva a preguntarme ¿cuántas personas son capaces de dejar salir su sentido de la empatía en este mundo?

Pero resulta que no puede aplicarse esa Ley matemática así como así, hay que reducir el número para tratar de reducir el efecto, y eso es justo a donde nos ha llevado la Covid-19 y los confinamientos mundiales, a círculos con una densidad de población muy reducida, tanto, que en casos como el de España, los círculos durante semanas se han reducido a la unidad familiar.

Sin embargo el comportamiento incívico y falto de empatía ha sido digno de película, y a mi parecer sigue siendo así.

Tanto que cruzarte con alguien por la calle aún siendo obligatorio el uso de mascarilla y recordarle que debe llevarla supone un atentado contra dicha persona.

Te puedes esperar cualquier reacción desmedida, pues el hecho de no llevarla ya indica que no es algo casual, simplemente que no la usa y punto.

Claro que habrá excepciones, pero las menos, y si no, haz tu propio experimento, te sorprenderás con la de piropos nuevos que te van a dedicar, todo un detalle.

Es por ello que la insensatéz de estas personas deberá ser digna de estudio, que a lo mejor ya lo hay y sólo estoy falto de informacíon.

Ellos y ellas se preguntan

¿Quién somos nosotros para decirle a nadie lo que debe hacer?

¿Qué somos nosotros para recordarle a alguien que se está poniendo en peligro por no usar la mascarilla y que además pone en peligro a otras personas?

Tal vez debamos reprimir nuestro sentido de la empatía y de preocuparnos por quienes no se preocupan ni por ellos mismos y esperar a ver que ocurre, pero afortunadamente para la sociedad eso no ocurrirá y siempre habrá quien se preocupe por los demás tanto o mas que por si mismo, y esto último no lo digo por mi, que aunque trato de empatizar, últimamente también trato de mirar con quién…

Y Don Quijote era el loco…

Tenemos fuentes oficiales de información como el sitio web de Naciones Unidas y sitios como maldita.es para comprobar bulos, pero hay quien se empeña en desinformarse aceptando sólo como fuente fiable la de los comentarios que oye en el súper o mientras toma un café en el bar de turno, quien da más importancia a una cadena de WhatsApp que a un sitio web oficial con información de primera mano, y claro, así resulta muy complicado que todos rememos en el mismo sentido como es de esperar en una situación así.

Y resulta que era Don Quijote el loco, quien veía gigantes en vez de molinos de viento…

Bueno, como es de esperar, según mi punto de vista claro, esto seguro que un experto en psicología diría que es tan lícito y normal actuar con sentido de la empatía como con una carencia absoluta del mismo en situaciones como las que estamos viviendo, y claro, así también es complicado avanzar porque cada cuál rema hacia donde le parece, el barco se sigue hundiendo y aún no nos hemos dado cuenta que debemos ponernos de acuerdo.

No ha de otra que aguantar y callar, porque de no hacerlo es muy probable que pases situaciones como la que viví el pasado día 18 de Julio de 2020 o incluso peores. Aunque en mi caso, ya te adelanto que lo de callar no va conmigo.

Certificados de Seguridad Sanitaria

Seguramente habrás observado que en estos últimos tiempos han empezado a proliferar este tipo de certificados como churros un Domingo, pero, ¿son efectivos?, ¿realmente podemos sentirnos seguros en un lugar sólo por el hecho de tener una pegatina que certifica que se toman medidas para evitar la propagación de la COVID-19?

Bueno, para empezar diré que creo que la respuesta evidente debería ser que si, que son efectivos y allí donde veamos un certificado que garantiza que la empresa/establecimiento cumple con estrictas medidas de seguridad es un sitio seguro, pero lamentablemente, hay empresas que sólo cumplen sobre el papel para la obtención del dichoso certificado.

Como mi opinión puede ser subjetiva y una imagen vale más que mil palabras, lo que voy a hacer es contar lo que me ha ocurrido en uno de los mayores centros comerciales de Andalucía, Lagoh Sevilla, un centro comercial que dispone de un certificado de seguridad sanitaria emitido por SGS Global y que ostenta desde el pasado mes de Junio de 2020, donde ya era obligatorio el uso de mascarillas dentro de lugares cerrados, como el propio centro comercial y por supuesto, las tiendas que en él se encuentran.

Centro Comercial Seguro

O eso dice un Post en su cuenta de Instagram publicado el pasado 2 de Julio de 2020, donde a pié de imagen dice;

¡Atención Spoiler!: ¿Que en Lagoh encontrarás todo lo que necesitas para pasar un día de 10? ¡Pues claro! Porque experiencia + seguridad = a un día perfecto.

Sin embargo, han sido varios días que he ido y me he encontrado entre otras, estas situaciones:

  • Los restaurantes en las terrazas con una distancia entre sillas de distintas mesas a menos de un metro
  • Personal de tiendas colocando escaparates y preparando para subir las persianas sin usar mascarillas, hablando entre ellos y sin distancia de seguridad (el virus ya se ha demostrado que puede quedar suspendido en el aire según los últimos informes de la OMS)
  • Personal de tiendas que acuden al local donde han de desarrollar su jornada laboral pero van sin mascarilla
  • Personal de limpieza que tampoco lleva mascarilla
  • Repartidores que entregan la mercancía sin usar mascarilla
  • Personal de los stands centrales sin usar mascarilla

¿Así cómo puede ostentar un certificado de seguridad sanitaria?, así sólo se me ocurre que estos certificados o se entregan a golpe de talonario o tienen serios problemas de seguridad, porque no es lógico que se permita lo que acabo de contar.

Ojos que no ven…

Antes de escribir esta entrada a modo de pataleta e indignación, conste que escribí un comentario justo en el Post que antes mencionaba, ¿sabes que ocurrió? Lagoh no sólo no me respondió, sino que me restringió el comentario, claro, así yo no me daría cuenta y nadie vería mi advertencia de que las cosas no se estaban haciendo bien y que tengo en mi poder una veintena de imágenes que lo demuestran.

Así que me ha tocado hacer lo que ellos me han dejado claro que era mi única opción, hacer pública la experiencia, así que a tapar el rostro de las personas que se ve claramente cómo están en el centro comercial sin mascarilla, a contar mi experiencia y mencionarles en redes sociales para que actúen en consecuencia.

Hecho lo anterior, en menos de una hora quitan mi restricción, dejan público mi comentario y su respuesta, donde me invitan a advertirlo en el punto de información para que tomen las medidas oportunas… A ver Lagoh, que os lo dejé por escrito en ese punto de información hace más de una semana, que os lo advertí en un comentario que me habéis restringido con la clara intención de que no se supiera, y que sólo os estaba pidiendo que hiciéseis las cosas bien, nada más, y hasta que no he hecho pública la historía no os ha importado lo más mínimo, si no, ¿para qué restringirme en Instagram?

En las imágenes:

  • Camarera que me sirve un café sin mascarilla (el compañero no se ve pero tampoco la llevaba)
  • Repartidor de DHL sin mascarilla
  • De tres empleadas de una tienda de ropa, dos sin mascarilla, ninguna respetando la distancia social (dudo que sean convivientes)
  • Vigilantes de seguridad dejando pasar a dos empleadas sin usar mascarilla
  • Limpiando cristalera sin usar mascarilla
  • Dos empleadas de limpieza sin usar mascarilla

Cuaderno de bitácora día tres

Martes 17 de Marzo de 2020, la vecina del coche rojo vuelve a venir, como no, con sus hijos en el maletero a casa de una de mis vecinas. Lo lamento mucho, pero esto no sólo no es normal, es peligroso y absolutamente innecesario. Con determinación decido llamar al 112 y dar aviso.

En el 112 no dan crédito, tal y como me pasó a mí en el día de ayer. Me pasan con la Guardia Civil, les comento lo que pasa, me piden datos y me indican que van a tratar de enviar a algún patrullero, lo que me hace pensar que deben estar muy ocupados por la zona y que lo mismo ni vienen, a pesar de la gravedad de las infracciones en su conjunto que está mujer está cometiendo.

Pasan apenas diez minutos y oigo ruido de un motor, me asomo y es la vecina de visita que se marcha, aunque sin los niños, lo que hace suponer que tendrá que volver. Así que con esta situación como no va a ser pillada con las manos en la masa vuelvo a llamar a la Guardia Civil, esta vez sin pasar por el 112, indico el aviso anterior y pido que no vengan, ya que no van a encontrar a nadie a quien avisar o sancionar.

Cambio de planes

Apenas pasan veinte minutos de mi segundo aviso a la Guardia Civil y la vecina del coche rojo vuelve a venir, lo que me hace pensar que en breve se volverá a marchar pero esta vez sí con los niños en el maletero.

Apenas tengo que esperar diez minutos y efectivamente, se marchan.

Esta vez estoy preparado para grabar la infracción, no vaya a ser que luego digan que me lo estoy inventando. Me voy al balcón, como la tablet y a esperar.

En escasos minutos todas las visitas empiezan a salir de la casa, en primer lugar los niños, el mayor se dirige al maletero pero el coche está cerrado y no puede abrirlo, así que entra en busca de su madre para que lo abra. Una vez abierto, el pequeño vuelve a salir y entrar en plano, abre el maletero y llega la hermana pequeña, ambos se meten en el maletero, llega la madre y cierra el portón, ya están los menores camuflados y expuestos a sufrir daños ante cualquier percance, se me ponen los vellos de punta.

Llamo a la policía municipal y en apenas tres minutos llega, pero se acaba de cruzar con la susodicha, así que se lo digo al agente, la persona que viaja con dos menores en su maletero es la que se acaba de cruzar, a lo que me dice que sabe quien es y sale a todo lo que la furgoneta le permite tras ella.

Pasan los minutos y no tengo noticias, como testigo y con una prueba de vídeo que le dije al municipal que tenía en mi poder, espero una llamada para saber si quiero o no denunciar, aunque una vez pillada tiene de sobra para cursar la denuncia el mismo de oficio, pero nada, no recibo ni llamada ni visita del municipal.

No puedo con la incertidumbre

Pasan algo más de cuarenta minutos y decido llamar al municipal y preguntarle si llegó a interceptarla, y aprovecho para recordarle que dispongo de una grabación donde se la ve perfectamente salir con los dos menores en su maletero y conduciendo hablando por el móvil, a lo que me dice que si, que la interceptó y que llorando le pidió que no la multara, que es que estaba agobiada en casa de no salir y que no lo volvería a hacer, que no saldría más de su casa, a lo que él decide pasar la mano…