Cerebro humano y su empatái

La sencillez de lo complejo

Empatía, ese sentido clave del ser humano que a veces parece haber desaparecido.

¿Cuántas veces te has dicho a ti mismo (o a ti misma) que el ser humano no deja de sorprenderte?

Pues yo últimamente debo estar batiendo récords porque no paro de preguntármelo, ni sé el número de veces al día que me puedo llegar a hacer esa pregunta, sólo sé que resulta cansina mi cabeza con ese ring ring a cada instante, así que te puedes hacer una ligera idea.

Y es que miras a tu alrededor y a pesar de ser ya obligatorio el uso de mascarilla para prevenir el contagio y la propagación del virus, sigues viendo personas con las que parece que no va el tema.

Aunque también he de decir que es la primera vez que mi cerebro y yo vivimos una pandemia, por lo que como para ti, el algo nuevo, pero no por ello se comporta uno igual, me explico;

El ser humano tiene la capacidad de acostumbrarse a todo, a lo bueno y también a lo malo, y aquí es donde entra en juego mi capacidad de sorpresa, porque es, al menos para mi, sorprendente que a estas alturas desde que se iniciara el confinamiento que la gente ante la sombra de una pandemia siga teniendo un comportamiento absolutamente insano, falto de empatía y con la tranquilidad que podría dar tener la certeza de ser inmune al virus, algo que hasta ahora es imposible.

Dicen que las normas están para incumplirlas, y bueno, yo personalmente no estoy del todo de acuerdo, aunque del mismo modo no puedo decir que sea un ciudadano 100% ejemplar, ¿quién lo es?, seguramente a lo largo del día me salto más de una normativa de seguridad vial por ejemplo; no uso el móvil nunca en el coche, siempre me pongo el cinturón, no circulo sistemáticamente por el carril izquierdo y aún así a veces miro el velocímetro y voy por encima de la velocidad máxima permitida, y hasta a veces si no hay nadie en la carretera me mantengo unos minutos así, y claro, así me han multado (siempre sin perder puntos) alguna que otra vez:

  • Circular a 63Kms/h por una vía cuya velocidad máxima es de 50Kms/h
  • A 110Kms/h por una vía cuya velocidad máxima es de 80Kms/h
  • A 113Kms/h por una vía cuya velocidad máxima es de 100Km/h

Pero que cometamos errores, que infrinjamos normas en algunos casos incluso sin ser conscientes de ello, no implica que estamos ante algo de lo que todo el planeta habla a diario, tenemos Covid-19 a todas horas todos los días, por lo que ya deberíamos haber tomado nota, consciencia y actuar de una forma más responsable.

Mientras a la gente le preocupe más su bolsillo que su propia vida o la de sus seres queridos, poco o nada podremos hacer para mejorar nuestra sociedad.

Primero yo, luego también

Puedo entender que con una población de más de 7.000 millones de personas tiene que haber de todo, es una cuestión de probabilidades, así que esto me lleva a preguntarme ¿cuántas personas son capaces de dejar salir su sentido de la empatía en este mundo?

Pero resulta que no puede aplicarse esa Ley matemática así como así, hay que reducir el número para tratar de reducir el efecto, y eso es justo a donde nos ha llevado la Covid-19 y los confinamientos mundiales, a círculos con una densidad de población muy reducida, tanto, que en casos como el de España, los círculos durante semanas se han reducido a la unidad familiar.

Sin embargo el comportamiento incívico y falto de empatía ha sido digno de película, y a mi parecer sigue siendo así.

Tanto que cruzarte con alguien por la calle aún siendo obligatorio el uso de mascarilla y recordarle que debe llevarla supone un atentado contra dicha persona.

Te puedes esperar cualquier reacción desmedida, pues el hecho de no llevarla ya indica que no es algo casual, simplemente que no la usa y punto.

Claro que habrá excepciones, pero las menos, y si no, haz tu propio experimento, te sorprenderás con la de piropos nuevos que te van a dedicar, todo un detalle.

Es por ello que la insensatéz de estas personas deberá ser digna de estudio, que a lo mejor ya lo hay y sólo estoy falto de informacíon.

Ellos y ellas se preguntan

¿Quién somos nosotros para decirle a nadie lo que debe hacer?

¿Qué somos nosotros para recordarle a alguien que se está poniendo en peligro por no usar la mascarilla y que además pone en peligro a otras personas?

Tal vez debamos reprimir nuestro sentido de la empatía y de preocuparnos por quienes no se preocupan ni por ellos mismos y esperar a ver que ocurre, pero afortunadamente para la sociedad eso no ocurrirá y siempre habrá quien se preocupe por los demás tanto o mas que por si mismo, y esto último no lo digo por mi, que aunque trato de empatizar, últimamente también trato de mirar con quién…

Y Don Quijote era el loco…

Tenemos fuentes oficiales de información como el sitio web de Naciones Unidas y sitios como maldita.es para comprobar bulos, pero hay quien se empeña en desinformarse aceptando sólo como fuente fiable la de los comentarios que oye en el súper o mientras toma un café en el bar de turno, quien da más importancia a una cadena de WhatsApp que a un sitio web oficial con información de primera mano, y claro, así resulta muy complicado que todos rememos en el mismo sentido como es de esperar en una situación así.

Y resulta que era Don Quijote el loco, quien veía gigantes en vez de molinos de viento…

Bueno, como es de esperar, según mi punto de vista claro, esto seguro que un experto en psicología diría que es tan lícito y normal actuar con sentido de la empatía como con una carencia absoluta del mismo en situaciones como las que estamos viviendo, y claro, así también es complicado avanzar porque cada cuál rema hacia donde le parece, el barco se sigue hundiendo y aún no nos hemos dado cuenta que debemos ponernos de acuerdo.

No ha de otra que aguantar y callar, porque de no hacerlo es muy probable que pases situaciones como la que viví el pasado día 18 de Julio de 2020 o incluso peores. Aunque en mi caso, ya te adelanto que lo de callar no va conmigo.

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