Miserias de este mundo

Si las miserias de este mundo no te despiertan la empatía, entonces no deberías entender este mensaje. Las piedras no saben leer.

Al principio me lo creí, pensé que este virus nos hizo ver lo que de verdad importa.

Cada día a las 20h en punto se me erizaba la piel al saber que éramos millones de personas haciendo exactamente lo mismo en el mismo preciso instante.

Pasaban los días y veía cómo se incumplían sistemáticamente las normas.

A las 20h esas mismas personas salían a aplaudir.

Me di cuenta que estaba ante un espejismo y uno de los mayores gestos de hipocresía que la sociedad española estaba llevando a cabo día tras días en los últimos tiempos, puntualmente a las ocho de la tarde.

Mientras, mi hijo, (que quien me conoce o me sigue desde hace tiempo sabe, tiene 8 años) sin reloj a la vista se preocupaba de acudir a la cita día tras día.

Cansado de escuchar a su padre comentar le de incumplimientos que veía día a día después de ir a comprar o tirar la basura, de oírme decir que no entendía tanto incumplimiento y luego salir a aplaudir, de ver mi frustración, un día dejó de salir.

Lo peor no fue que dejara aparcado el gesto, era su mirada, una mirada triste por la gente que lo estaba pasando mal y él no le daría su aplauso porque a quienes necesitaban apoyo moral y compañía en la cama de un hospital no tendría su aplauso (él sabe muy bien lo que es estar en un hospital), porque igual que a su padre, no le gustaba salir a aplaudir y mezclar un gesto honesto y sincero con el de aquellos que lo hacían de forma hipócrita y falsa.