Un superman en el pueblo y nadie lo sabe

En pleno confinamiento desde el pasado 14 de Marzo de 2020, apenas tres meses desde que me traslado a esta localidad y resulta que Superman existe, y vive aquí, en este maravilloso enclave de la Sierra Norte de Sevilla, pero debo ser el único que se ha dado cuenta, y ahora sabréis porqué…

Aquí vive Superman pero nadie se ha dado cuenta, me extraña que no vean lo mismo que yo…

Miguel Ángel

Pongámonos en situación.

Vivo en una localidad de la Sierra Norte de Sevilla, en pleno Parque Natural, un enclave extraordinario, sus sierras, su olor a chimenea los días fríos, la carne, la chacina, su gastronomía, y sus vistas, sus vistas son espectaculares, sobre todo las que tengo desde mi patio, que me hace viajar a un pasado no muy lejano de templarios y conquistas a caballo…

Como es de esperar, es un pueblo relativamente pequeño, unos 1.500 habitantes según los últimos datos del INE, y digo relativamente pequeño porque en los dos últimos en los que he tenido la suerte de vivir, en uno apenas éramos siete personas de forma permanente y en el otro alrededor de 700, así que 1.500 me parecen hasta demasiados.

Durante los primeros días de estancia en el pueblo, conforme va uno conociendo a los habitantes, hay algo que me llama poderosamente la atención, y es que todo el mundo me parece llamativamente amable, y así lo hago saber a toda aquella persona con la que voy por la razón que sea, entablando conversación, incluso llego a decir que tanta buena gente seguida me tiene que estar llevando inevitablememnte a conocer en breve a alguien que me haga poner los pies en la tierra, ya sabes a que me refiero, y bueno, en unos días así termina sucediendo.

En el pueblo hay una gasolinera de estas denominadas LowCost, que deberían llamarse «rompemos tu coche por 0,90€/l» o algo así, pero bueno, eso es otro tema, el caso es que acudo a la gasolinera a repostar y llenar el depósito, pues tengo por delante un viaje largo, entro por mi lado y coloco el coche con la tapa de combustible del lado del surtidor, paro el motor, preparo la cartera, me bajo del vehículo, descuelgo la manguera, y a todo esto, mientras me bajaba del coche, llegó una PickUp que aparcó al otro lado del mismo surtidor, bueno, sigo por donde iba, manguera descolgada, voy a introducirla en la boca del depósito de gasoil y antes de apretar el gatillo, llega la gerente de la estación de servicio y me pide que me espere, que el otro señor ha llegado antes que yo…

Dos cosas, la primera, este señor como mucho llegó a la vez que yo, la segunda, su entrada al depósito de combustible está en el lado opuesto al surtidor donde se ha colocado.

Es la primera vez que me ocurre, y por supuesto se lo digo a la gerente, yo estoy en mi sitio, y hasta me ha dado lugar de descolgar la manguera, pero como yo no le sueno de vivir en el pueblo y el otro señor sí, pues nada, según ella me toca esperar. Segunda y última vez que adquiero combustible o lo que sea en su establecimiento.

Ya he tenido mi primer encuentro no tan agradable con alguien de la localidad, que no digo que sea mala persona, pero conmigo se equivocó.

Si, me he dispersado un poco, voy a por lo del Superman

La población general a día de hoy no tenemos que usar de manera obligatoria ni mascarillas ni guantes, hasta donde sé, a 26 de Abril de 2020 así estamos, aunque yo como tantas miles de personas, cuando salgo a comprar uso mascarilla y dentro del supermercado, guantes.

Sin embargo, creo que quienes tienen la suerte de seguir trabajando tienen también la obligación de usar medidas protectoras, entre las que se encuentran;

  • Mascarillas
  • Guantes

Más si cabe cuando hablamos de empleados de superficies como un supermercado, ¿o no?

Podemos ir a comprar pero esto es un «deporte de alto riesgo» ya que precisamente en un supermercado es donde más probabilidades de contagio vamos a tener, así que cualquier medida de protección que tomemos va a resultar poca.

Pues el supermercado donde me veo obliago a ir porque es el único que tiene los productos que puedo necesitar y adquirir de una sóla vez, resulta que tiene contratado a Superman, si si has leído bien, Superman. ¿Y porqué? muy sencillo, este chico lleva desde que se decretó el Estado de Alarma o la privación de libertad, acudiendo a su puesto de trabajo según le toque el turno, pero eso sí, él sin ponerse mascarilla ni mucho menos usar guantes.

Un simple gesto que lo protege y nos protege

Puedo asumir estar encerrado en casa 24h/7d, puedo asumir administrar el tiempo de forma diferente, puedo asumir que la vida que conocía ahí fuera no va a ser la misma cuando el confinamiento comience a dejar de ser tan severo, pero lo que no puedo asumir es que un señor que acude a trabajar a un supermercado no use medidas de protección, que ande manipulando y tocando todo lo que sus clientes nos vamos a llevar a nuestras casas.

No puedo asumir que tras llamar a la empresa a la que pertenece la franquicia y hablar con el responsable de las mismas, una semana después éste chico siga sin usar medidas de protección alguna.

No puedo asumir que tras una segunda llamada a la empresa no se tomen medidas, y esto no podré comprobarlo hasta que tenga que volver a salir a comprar, esta vez, lamentandolo mucho, haré lo que desde un principio he querido evitar, avisaré a la Guardia Civil, pero creo que es intolerable a estas alturas comportarse de una forma tan irresponsable para con sus vecinos y clientes.

Haber reclamado por escrito les hubiese supuesto una sanción, no me cabe duda, y es por ello por lo que decidí contactar con la compañía para que de forma interna tomasen medidas sin que la situación llegase a ser pública, pero mucho me temo que terminaré escribiendo de nuevo sobre el tema y tendré que hacerme acopio de material gráfico para que hagan algo. Si así tiene que ser, así será.

Tal vez esté yo equivocado y prejuzgando a este empleado de supermercado, tal vez merezca los aplausos por estar al pié del cañón día tras día velando por nuestras despensas, que no por nuestras defensas, tal vez sea Superman y sea por ende inmune al virus y yo no lo sepa.

Estado de Alarma o Privación de Libertad

A estas alturas desde que se decreta el Estado de Alarma en nuestro país hemos pasado por demasiadas emociones, creo que no somos pocas las personas que hemos visto cómo de la noche a la mañana nuestros derechos fundamentales y libertades se han visto seriamente dañadas.

No soy un delincuente, pero tengo la misma privación de libertad que a aquellos a los que se les aplica un arresto domiciliario

Miguel Ángel

Asumiendo una triste realidad que no somos capáces de gestionar

No me cabe duda que hay millones de personas que lo están haciendo bien, que salen a comprar las veces que realmente necesitan, incluso habrá millones que prescindan de algunos alimentos para evitar salir de nuevo hasta que realmente se empiecen a quedar sin aprovisionamientos.

No me cabe duda que hay mucha gente haciendo las cosas bien, pero tras cuarenta días de confinamiento, con un peque en casa de 8 años, con la familia en otra provincia y en otra comunidad autónoma parte de ella, con tanta prórroga, es inevitable pensar en mis libertades, en las de mi hijo, ¿dónde han quedado?

Le puedo, es más, tengo el deber y la obligación como padre de explicarle a mi hijo qué está pasando en el mundo, porqué debemos acatar unas leyes que nos mantienen encerrados en casa como si hubiésemos cometido un delito, claro está sin hacerle esta comparación a él, aunque realmente esté viviendo una auténtica privación de libertad, aún formando parte de un grupo especialmente protegido al tratarse de un menor.

Pero resulta muy complicado hacerlo cuando tras cuarenta días en los que no ha podido salir, cuando por fin podemos salir a dar un paseo juntos, tiene que elegir entre dar el paseo con papá o con mamá, eso señores gobernantes no es justo, explíquenselo ustedes, o que se lo expliquen esos asesores que pretendían que nos llevasemos a nuestros hijos al banco para gestionar esas ayudas que no llegan, o al supermercado, donde en localidades como en la que me encuentro, el supermercado es una salón grande con tres pasillos y alimentos en las estanterías, donde hay personal trabajando que desde el 14 de Marzo de 2020 no usa ni mascarilla ni guantes…, explíquenselo ustedes, yo como padre no tengo la cara tan dura para mentirle sobre algo tan grave.

¿Te resulta extraño que a 26 de Abril de 2020 siga habiendo empleados en supermercados que no usen ni guantes ni mascarillas?, pues así estamos, aplaudimos a personas que lo hacen bien pero se mezclan con quienes van a su bola, como el empleado que éste súper que debe ser inmune al virus, y pensarás que tal vez deba informar a alguien, y cierto es, dos veces he contactado telefónicamente con la marca, ahí están registradas las llamadas y la duración de las mismas. La primera contacté directamente con el responsable de franquicias, y una semana después el empleado o franquiciado en cuestión seguía sin usar mascarilla ni guantes, manipulando los productos que los clientes tenemos que comprar y llevar a casa.

Volví a contactar con la marca, esta vez con el departamento de atención al usuario para trasladar quejas/sugerencias, pero el efecto ha sido el mismo, nulo.

Conste que contactar con la marca es para evitar una queja formal por escrito o una denuncia ante la Guardia Civil, pero caso omiso, luego si terminas publicando una foto del hecho en redes sociales se sentirán avergonzados y pondrán mil excusas, pero lo cierto es que están al tanto y no han hecho nada, mientras el resto de ciudadanos tratamos de cumplir con unas muy duras medidas.

No puedo seguir saliendo a las 20h a aplaudir por una sencilla razón, aplaudo junto con decenas de personas hipócritas que incumplen sistemáticamente las normativas impuestas, perdonarme aquellos que merecéis mi aplauso, pero si estos hipócritas siguen saliendo a aplaudir, yo no podré hacerlo, os lo agradeceré cada vez que os vea si es necesario, pero no con un aplauso.

Tenemos que cumplir o habremos estado perdiendo el tiempo

Cuando escribo esta entrada es 26 de Abril de 2020, el primer día en el que podemos salir a pasear con nuestros hijos, aunque en unas condiciones muy concretas y no exentas de polémica aún habiéndose modificado in extremis por lo absurda de las primeras medidas.

Vivo en una localidad de apenas 1.500 habitantes, sin un caso conocido de contagio, pero no por ello debemos bajar la guardia ni mucho menos hacer lo que nos plazca, pues no sólo no está permitido, si no que atentamos contra la salud de otras personas si lo hacemos.

Decido salir a dar el paseo a las 12h y a las 12’05h salgo de casa con el peque. Apenas hemos andado unos cien metros y escuchamos voces, demasiadas si tenemos en cuenta que como mucho puede salir un adulto responsable con tres menores, como vienen en nuestra misma dirección, en algún momento veremos de quiénes se trata, es cuestión de esperar.

No salgo de mi asombro, son unos vecinos que han decidido que con ellos no va la normativa, van de paseo un matrimonio y otra mujer con un total de cuatro menores, y la madre de mi hijo en casa porque no puede acompañarnos a tenor de una norma que se nos ha indicado claramente a todo el país.

Una imagen vale más que una prohibición

Como es de esperar, llamo al teléfono que dispongo de la Policía Local, pero no puedo contactar porque el teléfono se encuentra fuera de servicio, así que llamo a la Guardia Civil, indico lo que acabo de ver y lo primero que me preguntan es si están respetando la distancia de seguridad, ¿en serio? oiga, el motivo de mi llamada es porque la orden es clara, un sólo adulto con hasta tres menores y veo un matrimonio…, si ellos pueden, mi hijo también tiene derecho a pasear con su padre y con su madre.

Recibo una llamada de la patrulla de la localidad y les doy las indicaciones pertinentes, espero que los topen de frente y por supuesto sean sancionados, pues su actitud pone en riesgo los derechos de los demás.

Pensaba que no me encontraría con esta situación y mucho menos repetida, pero nada más lejos de la realidad, a la vuelta, vuelvo a toparme, esta vez, con dos mujeres adultas y tres menores. Parece ser que unos tienen sus derechos intactos mientras a otros se nos aplica una clara privación de libertad.